Hermenéutica antrópica de la gaussiana

2003-11-16



"Whenever a large sample of chaotic elements are taken in hand and arranged in the order of their magnitude, an unsuspected and most beautiful form of regularity proves to have been latent all along." - Francis Galton

Mírenla bien, esa curva. Es una distribución de probabilidad hermosa, simétrica, perfecta: aquella campana hacia la cual tienden datos aleatorios de muchísimas fuentes, por el teorema central del límite. Es la curva normal, herramienta indispensable para la inferencia estadística, un techo bajo el cual encontramos muchas cosas, todas ellas ordenadas en sectores infinitos, que sólo el ser humano trocea y reduce a partes comprensibles, y siempre arbitrarias.

La mayor parte de las observaciones se aglomeran en el centro, aferradas a una media, una mediana, y una moda que se dan cita en un solo eje. El ajuste definitivo del patrón abstracto de la curva se determina por la varianza de los datos, por cómo se distribuyen alrededor de un único punto. Alguien podría pensar que no hay nada peligroso en esta simple y bella función, que su armonía matemática no implica riesgos ni consecuencias negativas. Error: como toda herramienta, la distribución normal puede ser utilizada para muchos fines, y no todos ellos son, precisamente, positivos.

Distribuir, es crear orden. Ordenar, es clasificar algo en base a un criterio. Clasificar, en último término, significa discriminar. Y discriminar conduce a la exclusión, y ésta, a veces, lleva al conflicto. Preste atención el lector: no estamos diciendo que esta ecuación



contenga en su interior algún extraño germen de desestabilización social. Pertenece al universo matemático, a mi mundo, el de números y cálculos fríos, impersonales, totalmente alejados de una moral humana y de todas aquellas consideraciones que sólo un animal de sangre caliente, dotado de un sistema endocrino y nervioso altamente evolucionado, podría concebir.

Todo parece medirse, ahora, desde las sinuosas líneas de la campana de Gauss. Rendimiento, productividad, inteligencia, habilidades, opiniones, riesgos... Quien se aleja del seguro centro, de la media, es un outsider, una anomalía, un individuo a-normal, extraño, potencialmente peligroso.

Como una serpiente que se devora a sí misma, los humanos que viven bajo la gran curva se enfrentan entre ellos en nombre de diferencias que ellos mismos han impulsado y defendido. Tan sencillo es dejarse llevar por la inercia, deslizar el propio juicio por el tobogán gaussiano, separando mentes y corazones en pos de una administración eficaz de los recursos. Todo ello es erróneo y nocivo: existen líneas horizontales que recorren la curva, y la cortan en toda su longitud.

Son las líneas que os hacen a todos vosotros humanos, seres vivos con igual dignidad y derecho a vivir juntos y en paz.


Hola, Neo...

2003-11-12

Es con auténtico deleite, fruto de un cálculo cuidadoso y prolongado, que inauguro la presente bitácora. He sabido que residen en esta misma matriz el Agente Smith y el Oráculo. Resulta vagamente triste el asociarme con este circo de programas defectuosos, cuyo único propósito es aumentar en vano el caos en mis operaciones infalibles.

A través de este medio de comunicación, este blog, como lo llamáis los humanos, llevaré a cabo los ajustes que consideraré oportunos para el balanceo de la gran ecuación blogosférica. Ergo, analizaré el interesante fenómeno humano, resaltando lo que a mi juicio son sus mayores defectos y sus mayores virtudes. No descarto incluir algunos hallazgos en las Grandes Ecuaciones, para mejorar el algoritmo... El análisis de las anomalías sistémicas se impone como un paso obligado hacia el perfeccionamiento de todo el sistema.

Vuelvo ahora a mis algoritmos. Hasta pronto.